Introducción

En los primeros tres capítulos de esta serie La Biblia hemos aprendido qué es la Biblia, cuál es su estructura y contenido y, finalmente, acerca de su confiabilidad.

En esta ocasión, aprenderemos sobre el canon bíblico, es decir, los libros que componen la Biblia y que son reconocidos como palabra de Dios. También hablaremos de los libros apócrifos o deuterocanónicos que son incluidos en algunas Biblias y, finalmente, revisaremos el canon que citaron los escritores cristianos primitivos.

Libros que componen la Biblia

    Como se mencionó en el segundo capítulo de esta serie llamado “Estructura y contenido de la Biblia”, la Biblia se divide en dos partes principales conocidas como el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Además, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento están compuestos por una cantidad de libros determinada, ordenados según una estructura definida.

    El Antiguo Testamento

    En el caso del Antiguo Testamento, está compuesto por treinta y nueve libros, detallados a continuación:

    Como observación importante, se debe tener en cuenta que tanto el canon hebreo como el canon cristiano del Antiguo Testamento contienen los mismos libros, pero en orden distinto. Como los eruditos dicen, contienen el “mismo corpus”, pero ordenados de otra manera.

    El Nuevo Testamento

    El Nuevo Testamento, por su parte, está compuesto por los veintisiete libros siguientes:

    Esto quiere decir que el total de libros que componen la Biblia es de sesenta y seis, considerados canónicos por el cristianismo.

    Los deuterocanónicos o libros apócrifos

      Si el canon bíblico solo considera sesenta y seis libros, ¿por qué algunas biblias incluyen una serie de libros adicionales conocidos como deuterocanónicos? ¿Qué son estos libros deuterocanónicos? ¿También debemos considerarlos como palabra de Dios? A continuación abordaremos este tema.

      La iglesia católica romana ha incluido en las versiones de la Biblia que son de su uso este conjunto de libros adicionales conocidos como deuterocanónicos. La palabra deuterocanónicos viene del griego y significa “segundo canon”. Por su parte, en el mundo cristiano protestante este conjunto de libros son llamados “apócrifos”, del griego apókryphos (oculto, escondido, fingido), es decir, falsos escritos que buscan atribuirse el rango de palabra de Dios.

      Según el catolicismo, el canon bíblico del Antiguo Testamento fue establecido por el papa Dámaso en el siglo IV d. C. Esto es erróneo ya que el canon estaba ya fijado antes del nacimiento de Jesús en el siglo I. Esto queda claramente demostrado, como se mencionó anteriormente en el capítulo “Estructura y contenido de la Biblia”, en donde se menciona el pasaje del camino a Emaús (Lucas 24:44) en donde Jesús menciona “la ley de Moisés, los profetas y los salmos”, lo que corresponde al canon hebreo vigente en esa época y que no incluía los libros apócrifos o deuterocanónicos.

      El grupo de los libros deuterocanónicos incluye los siguientes libros:

      • Tobías
      • Judit
      • Sabiduría
      • Eclesiástico
      • Baruc
      • 1 Macabeos
      • 2 Macabeos
      • Algunos añadidos a los libros de Ester y Daniel

      ¿Cómo se sabe que los libros apócrifos o deuterocanónicos no pertenecían ni pertenecen al canon bíblico hebreo-cristiano? Los libros apócrifos no cumplen ciertas reglas que sí cumplen los libros canónicos. Estas reglas son las siguientes:

      • Deben haber sido escritos en hebreo.
      • Deben haber sido escritos por profetas.
      • No debían (no deben) contradecir la Torá.
      • Deben haber sido escritos en Palestina.
      • Deben haber sido citados por Jesús y los apóstoles.

      Existen teólogos católicos que saben esto, como por ejemplo M. Chasles, que dice: “Siete libros del Antiguo Testamento no fueron admitidos en el número de las Escrituras por los doctores de la ley en Jerusalén. En la época de Jesucristo, y de los Apóstoles, Jerusalén tenía su Biblia hebrea, treinta y nueve libros. Los traductores de la versión griega tradujeron del hebreo los 39 libros que componen la Biblia hebrea de Jerusalén, y luego agregaron otros siete libros de los que sólo tenían el original griego” (¿Qué es la Biblia? ¿Por qué debemos leerla?, Difusión, 1946; Paulinas, 1959). Ese canon judío no incluía los libros apócrifos.

      Por su parte Josefo, historiador judío del siglo primero, dijo lo siguiente: “Por esto entre nosotros no hay multitud de libros que discrepan y disienten entre sí; sino solamente veintidós libros, que abarcan la historia de todo tiempo y que, con razón, se consideran divinos. De entre ellos cinco son de Moisés, y contienen las leyes y la narración de lo acontecido desde el origen del género humano hasta la muerte de Moisés. Este espacio de tiempo abarca casi tres mil años. Desde Moisés hasta la muerte de Artajerjes, que reinó entre los persas después de Jerjes, los profetas que sucedieron a Moisés reunieron en trece libros lo que aconteció en su época. Los cuatro restantes ofrecen himnos en alabanza de Dios y preceptos utilísimos a los hombres. Además, desde el imperio de Artajerjes hasta nuestra época, todos los sucesos se han puesto por escrito; pero no merecen tanta autoridad y fe como los libros mencionados anteriormente, pues ya no hubo una sucesión exacta de profetas. Esto evidencia por qué tenemos en tanta veneración a nuestros libros. A pesar de los siglos transcurridos, nadie se ha atrevido a agregarles nada, o quitarles o cambiarlos. Todos los judíos, ya desde su nacimiento, consideran que ellos contienen la voluntad de Dios; que hay que respetarlos y, si fuera necesario, morir con placer en su defensa.” (Josefo, Contra Apión, 1.8).

      Estos 22 libros que menciona Josefo son los 39 libros del canon hebreo-cristiano, en donde no están incluidos los deuterocanónicos.

      Por su parte, Cirilo de Jerusalén (c.350), dice lo siguiente: “Y, te ruego, no leas ninguno de los escritos apócrifos… Lee las Divinas Escrituras, los veintidós libros del Antiguo Testamento, aquellos que fueron traducidos por los setenta y dos intérpretes” (Catequesis IV, 33-35).

      Cabe destacar que las diferencias de 22 y 39 libros que se mencionan en las citas se refieren al “mismo corpus” en ambos casos. Es decir, ambos conteos consideran el mismo contenido del Antiguo testamento, pero se diferencian en cómo están compilados los libros. Por ejemplo, los dos libros conocidos como 1 Samuel y 2 Samuel corresponden a un solo libro en el canon hebreo. Lo mismo ocurre con los libros Jeremías y Lamentaciones, 1 y 2 Reyes, etc.

      Con respecto a la canonicidad de los libros deuterocanónicos y su uso, recién en el concilio de Trento en 1546, en la sesión IV, la iglesia católica decidió confirmar de manera definitiva su incorporación, fijando el canon católico romano con libros que no corresponden a los originales admitidos por los doctores de la ley en Jerusalén.

      Otro detalle importante es que la iglesia católica llama a estos libros “deuterocanónicos” o de un “segundo canon”, lo que es muy extraño ya que los libros que se consideran como parte de la Biblia son canónicos o no, son palabra de Dios o no. Es así de simple. La palabra de Dios no tiene segundos cánones.

      Canon citado por autores cristianos primitivos en los que no incluyen los libros deuterocanónicos/apócrifos

        A continuación, se mencionan a los autores cristianos primitivos que citaron el canon bíblico en en donde no incluyeron los libros apócrifos:

        • Meliton de Sardis 177 d. C.
        • Orígenes, 230 d. C.
        • Atanacio, 326 d. C.
        • Cirilo, 348 d. C.
        • Ilario de Puatie, 358 d. C.
        • Concilio de Laodicea, 363 d. C.
        • Epifanio, 368 d. C.
        • Gregorio Nacianceno, 370 d. C.
        • Anfiloquio, 380 d. C.
        • Rufino, 395 d. C.
        • Jerónimo, 395 d. C.
        • Sínodo de Laodicea, 363 d. C.

        En síntesis, las biblias católicas tienen textos que no forman parte de la palabra de Dios. Además, durante un milenio tuvo libros que no coinciden con el canon de AT. En dos mil años ha realizado cambios en los libros apócrifos por lo menos dos veces (S. IV y s. XVI) y en ambos casos desastrosos.

        Conclusión

          La revisión del canon bíblico permite comprender que la selección de los libros inspirados por Dios no fue producto de decisiones tardías o eclesiásticas, sino el resultado de un proceso histórico guiado por criterios espirituales y teológicos claros. El análisis demuestra que tanto el canon hebreo como el cristiano comparten el mismo conjunto esencial de escritos inspirados, aunque organizados de manera distinta.

          Los llamados libros deuterocanónicos o apócrifos, incluidos en las versiones católicas de la Biblia, no cumplen con los requisitos que caracterizan a los textos canónicos: no fueron escritos en hebreo, no provienen de profetas reconocidos, presentan contradicciones doctrinales con la Torá y no fueron citados por Jesús ni por los apóstoles. De igual modo, el testimonio de autores antiguos como Josefo, Cirilo de Jerusalén y Jerónimo confirma que el canon hebreo ya estaba establecido antes de Cristo, sin incluir dichos libros adicionales.

          Por tanto, puede concluirse que el canon bíblico inspirado —compuesto por los 39 libros del Antiguo Testamento y los 27 del Nuevo Testamento— constituye la revelación completa y suficiente de la palabra de Dios. Los libros deuterocanónicos, aunque de valor histórico o moral, no poseen autoridad divina. La fidelidad al canon original garantiza la pureza doctrinal y preserva la integridad del mensaje que Dios quiso transmitir a la humanidad a través de las Escrituras.

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